Recomendación vs. Descubrimiento de lecturas de ficción

La recomendación de lecturas de ficción es una función de especial interés y central para las bibliotecas públicas. Aunque los préstamos de libros de literatura son, con mucho, los más frecuentes, los estudios sobre hábitos de lectura nos señalan que el papel de las bibliotecas como recomendadoras de lecturas es escaso, frente al que tienen las relaciones personales (amigos, compañeros, familiares, 52,7%,) y la información que circula y se busca en el medio digital – redes y medios sociales, con un 25,6% y páginas web especializadas, 23,9% (Ministerio de Cultura y Deporte, 2018). Los lectores buscan o están abiertos a recomendaciones, puesto que la lectura como actividad frecuente requiere un reinicio cíclico del proceso de explorar y seleccionar una nueva lectura. El 62,9% de los lectores busca información o recomendaciones sobre nuevos libros, y lo hace en internet, pero no a través de las bases de datos y sitios web de las bibliotecas.

Los catálogos de las bibliotecas sirven para localizar la disponibilidad de unas obras determinadas, pero en su configuración actual no son – ni serán – un instrumento para descubrir lecturas. Tampoco parecen tener un amplio impacto los diferentes portales de recomendación lectora (Canal Lector, El Portal de Lector) a través de los cuales se ha tratado de mejorar la aportación de los agentes culturales (editores, educación, bibliotecas) a la información sobre libros en la red. Son otras plataformas como Google, Amazon, Wikipedia, LibraryThing o Goodreads las que ocupan el espacio central en la intermediación de la oferta de libros, a través de la derivación de búsquedas generalistas a páginas web con valoración, opinión y presentación de libros, la navegación insitu por las sugerencias de obras relacionadas, y el uso de sus propios sistemas internos de búsqueda y exploración.

La lectura es un mercado, y, por tanto, una batalla por la atención, la visibilidad, las audiencias, la distribución y las oportunidades, que hace que exista un alto interés por los sistemas y plataformas de recomendación, al igual que sucede en el mercado audiovisual. En este texto abordaremos de forma diferenciada los conceptos de descubrir y recomendar, en relación a la viabilidad de infraestructuras de datos públicos y abiertos implicados en los diferentes sistemas, agentes y servicios que participan en la creación del gusto lector, la prescripción de lecturas, la promoción editorial y el servicio público de acceso al libro.

¿Pueden las bibliotecas aportar valor en la red a lo que ya realizan estos gigantes de la red? Sí, existen algunos nichos a explotar para los que se posee una posición y expertise privilegiados. Pero no se puede hacer de cualquier manera y muchas de las acciones que se saben realizar tienen los brazos muy cortos: abrazan a quien tienen cerca, pero no alcanzan más allá.

Este es el objetivo de este proyecto METADATOS DE FICCIÓN, hacer ver la importancia de un dataset colaborativo abierto válido para aplicaciones de recomendaciones de lectura

La ficción literaria es un terreno sobre el que la catalogación convencional pasa de puntillas.

Poco aportan las bases de datos bibliográficas para orientar al lector en el proceso de descubrimiento de lecturas. Sin embargo, existe un fuerte interés por las posibilidades de recomendación de lecturas en el medio digital, no sólo desde el ámbito de las bibliotecas y la educación, sino también desde los medios de comunicación de masas, la industria editorial y las comunidades de lectores. La red es un vasto y desgarbado espacio de opiniones, reseñas y valoraciones sobre libros. Vamos a tratar de delinear los elementos esenciales de este ecosistema de descubrimiento y recomendaciones de lectura, para esquematizar una propuesta viable de participación en él desde las redes bibliotecarias a través de una estrategia de datos abiertos y colaborativos, semánticamente flexibles y potenciadores de la innovación abierta.

A pesar de que la ficción, la literatura de evasión o por placer, supone la mayoría de los fondos de las bibliotecas públicas y, sobre todo, de los préstamos realizados, su tratamiento informativo sistemático se reduce a su clasificación como novela, teatro o poesía. El lacónico «82-3 PER tab». Su acceso en el espacio de las bibliotecas se reduce a la localización de una obra previamente conocida, a la exploración azarosa de las estanterías o al tropiezo afortunado con títulos sugerentes en los estantes de novedades y recomendaciones o, en el mejor de los casos, en “centros de interés” que agrupan propuestas de lectura alrededor de secciones temáticas independientes de la clasificación global bibliotecaria.

El encuentro con un libro permite hojearlo, y la información editorial incorporada, los paratextos (portada, guardas, contraportadas, prólogos) y el propio texto sirven de estímulos para la selección de una lectura. El lector completará su proceso de selección a partir de la información previa que ya posea sobre la obra, el autor, la colección o el tema. De esta forma, la biblioteca ha posibilitado el encuentro con el libro, a través de un dispositivo esencialmente espacial y efímero, con escasa aportación informativa. Ha construido una colección y deja deambular por ella. La acción prescriptora o recomendadora directa con mayores potenciales efectos sobre las decisiones de lectura de sus usuarios toma forma con la realización de actividades, ciclos y guías de lectura (en papel o en la red) que sugieren, interesan y descubren nuevas posibilidades de lectura. En cierta manera esta pauta se repite en las librerías, sin bien en ellas con una sistematización más ligera y un ciclo de renovación más veloz. En pocas palabras, los catálogos de la biblioteca son una fuente pobre de recomendación y descubrimiento de lecturas.

El encuentro con el libro se produce fuera de la biblioteca

Fuera de las bibliotecas, las formas tradicionales de creación del gusto literario han sido una combinación, por una parte, de la crítica literaria (revistas culturales, suplementos de periódicos, programas culturales) y por otra la promoción comercial de las editoriales. En esta acción combinada de los medios de masas, revistas y editores, hay una notable tensión entre los intereses de cada agente, y son evidentes los efectos del marketing, limitando el espacio y audiencia para la reseña crítica frente a la reseña promocionada, y conviviendo el papel de las publicaciones como correa de transmisión de las apuestas editoriales y el gran consumo de libros, con el de orientación sobre autores y obras de calidad literaria y propuestas innovadoras. También se han explorado proyectos de creación de fuentes neutrales de difusión de lecturas, mediante el apoyo de las áreas de cultura de las administraciones públicas de cultura a iniciativa de las asociaciones de editores, tales como “Servicio de Orientación de Lectura, SOL” o “Canal Lector”. Estas iniciativas han tenido poco impacto y poco recorrido: buena intención, escaso resultado. ¿Las causas? Una visión incompleta de cómo funciona la red. Por otro lado, las tiendas online (Amazon, esencialmente) son una de las fuentes recurrentes en las que terminan las búsquedas sobre libros, concentrando en ellas la información editorial básica y diferentes acciones de visibilidad, comentario, recomendación y descubrimiento.

El ámbito educativo actúa también como prescriptor de lecturas, a través de sus planes de lecturas obligatorias o la realización de actividades culturales dinamizadoras, así como a través de la interrelación ente docentes de lengua y literatura y sus alumnos. En el ámbito docente son frecuentes las publicaciones que seleccionan y organizan obras creativas alrededor de su aplicación al tratamiento de ámbitos de interés en el currículum educativo, tanto en contenidos (historia, inmigración, medio ambiente) como en competencias transversales (emociones, igualdad, cambios sociales) cuyo público lector son los profesores-prescriptores. Algunas de estas «guías de lectura» van más allá de la selección didáctica y se dirigen, en versiones ilustradas y editadas con lujo, a apasionados de un género: western, ciencia ficción, sagas, etc.

Además de este flujo de información sobre lecturas desde el ámbito institucionalizado, existen un conjunto de plataformas para compartir lecturas basadas en la colaboración entre usuarios lectores, así como una incesante actividad en redes sociales generalistas, donde se genera influencia y una conversación continua y desestructurada construye el gusto, refuerza tendencias o explora propuestas. Además, han surgido nuevos agentes que a través de blogs individuales o en grupo, que han conseguido construir una audiencia propia y diversificar las líneas editoriales de quienes sugieren lecturas y crean opinión, produciéndose una “sustitución gradual de la crítica especializada escrita en los medios tradicionales para la opinión del lector compartida en los medios sociales” (Luch, p. 12). La búsqueda de información sobre libros se realiza en internet, aunque desconozcamos muchos de los aspectos que mueven a elegir, sondear o valorar un libro u otro, y hayamos de verlo como un proceso social y de comunicación, donde multitud de factores moldean el gusto lector individual y sus decisiones de lectura. Sea como sea, la información en la red sobre lecturas es relevante. A esta información, esencialmente digital, que cumple la función de «comentar, difundir, promocionar, modificar y ampliar contenido relacionado con todo el ecosistema de la lectura” y que parece constituir la fuente principal para acceder a información sobre lecturas, las denomina Gemma Lluch “epitextos públicos virtuales”, afirmando que “las recomendaciones de lectura están en la red”. Podemos preguntarnos, si en este panorama que hemos perfilado de forma superficial, tienen cabida las bibliotecas. Y la verdad es que el impacto de las bibliotecas en todo este complejo de promoción, recomendación, opinión y descubrimiento de lecturas en la red es escaso. Sus catálogos no responden a las necesidades de búsqueda sobre libros, sus comunidades de usuarios no poseen masa crítica y el impacto de sus contenidos web es invisible a la búsqueda orgánica y, en el mejor de los casos, un respaldo a las acciones sobre el terreno.

Resulta pues paradójico, que, en un escenario de incremento del intercambio de contenidos sobre libros en la red, que refleja una demanda, un interés colectivo y un mercado, las bibliotecas reduzcan su aportación al de mero proveedor de colecciones (punto de recogida) o al encuentro casual con sugerencias de lectura cuando se deambula por ellas (punto de venta). Una búsqueda espontánea sobre un libro que se nos mencione y del que queramos ampliar información nos llevará, a través de la ubicua intermediación de Google, a librerías, editoriales, reseñas en medios convencionales o reseñas sociales. Además, comenzará un proceso de serendipia, en el que se nos sugerirán otros libros del autor u otras obras con alguna relación con nuestra búsqueda. Porque la red, el buscador, siempre conoce cosas que, si bien no son la respuesta a lo que preguntamos, pueden abrir un camino. ¿Por qué puedo preguntar en Google por “libros sobre el narcotráfico en Galicia” y no en una biblioteca?

Lo que Amazon no necesita, y no hace, bien podrían hacerlo las bibliotecas

Una comprensión precisa de los elementos envueltos en el proceso de recomendación de lecturas puede ayudarnos a descubrir y desarrollar un papel activo en ellas desde las redes de lectura pública. Para ello planteamos partir de una diferenciación entre la recomendación y el descubrimiento, y entre contenido y datos.

  • Recomendación de lecturas: Se trata de un fenómeno esencialmente comunicativo y social, regido por las normas de la influencia y la oportunidad. Implica captar la atención de una audiencia y una fuerte dosis de construcción de un mensaje convincente y adecuado al contexto. Aquí cabe tanto la aparición de una novedad editorial en un telediario, la repercusión de obtener un premio literario, la muerte de un autor, una conversación con un amigo tomando una cerveza o un regalo que recibimos. La reputación del prescriptor y los medios disponibles determinan en gran medida la potencia y alcance del mensaje, la profundidad del impacto en nuestro deseo y la amplitud de los receptores alcanzados.
  • Descubrimiento de lecturas: Se trata de un fenómeno que explota la relacionabilidad entre las obras, a través de sus características de producción y de contenido. Permite construir vínculos entre obras en razón de elementos y circunstancias comunes, como puede ser un lugar, un tema, una técnica, un personaje, o una colección donde se publica, un periodo de publicación, una cita compartida, así como a las relaciones que se puedan establecer a partir de sus autores. El descubrimiento está más cerca de la búsqueda que de la promoción. Es una potencialidad, que se activa a voluntad del sujeto (exploración) y que acompaña alguna de sus acciones (sugerencias).

La recomendación es comunicación social y el descubrimiento es recuperación de información; en la primera prima el contenido o discurso, y en la segunda los datos o los metadatos. En la interacción entre ambas están las motivaciones, intrínsecas o extrínsecas, que movilizan nuestro interés por encontrar, elegir o captar nuestra atención. Los agentes que participan en la recomendación son consumidores potenciales de sistemas de descubrimiento; un profesor de lengua y literatura de Bachillerato es un agente interesado en explotar sistemas de descubrimiento que expandan su conocimiento experto y sirvan para enriquecer su papel de presciptores de lecturas. Como generadores de contenido necesitan herramientas más sofisticadas de acceso y seguimiento de otros contenidos, que, para ellos, constituyen su materia prima. En otras palabras, los prescriptores son usuarios muy activos de sistemas de descubrimiento, puesto que las lecturas son su materia prima, son un power-user. Por otra parte, uno de los efectos de las acciones de recomendación es la puesta en marcha de procesos de descubrimiento en los usuarios en los que han conseguido captar la atención. La bala disparada en una recomendación no solo da un un punto de la diana, sino que produce una onda expansiva, hiriendo a otros libros y lecturas.

En otra época, la inclusión en un catálogo o en un repertorio bibliográfico era una vía de descubrimiento; en la actualidad, es a todas luces insuficiente o, si se quiere, intrascendente para este fin. Sin embargo, existen opciones para que las bibliotecas sigan siendo relevantes, que, desde nuestro punto de vista, deben orientarse hacia el subsistema del descubrimiento de lecturas, como soporte necesario para el subsistema de recomendación. Creo que puede ser útil diferenciar ambos subsistemas, entendiendo que la recomendación para un usuario o contexto se apoya en unas posibilidades de descubrimiento que tienen que ver con metadatos descriptivos del contenido de las obras. El motor de recomendación es el interaface automatizado con el sistema de descubrimiento.

Para el descubrimiento de lecturas existe un importante espacio viable para la actuación por parte de las bibliotecas, a partir de nuevas formas de combinar los factores asociados a los datos que proporcionan relacionabilidad a las obras literarias. Las bibliotecas pueden alimentar al subsistema de datos que alimenten los procesos de recomendación de los múltiples agentes que intervienen en ellos, en colaboración y competencia.

En recuperación de información se habla de Sistemas de Recomendación como procedimiento de búsqueda implícita en el que se sugieren contenidos con probabilidad de interés para un usuario, que parten o bien de un contenido que se conoce que interesa a un usuario (digamos, que si ha leído Drácula puede ser que le interese Frankestein) o bien de las relaciones con otros usuarios que han interactuado también con contenidos (si mantiene mucha relación en Facebook con personas que han leído “Lo que el viento se llevó” puede ser que a él le pueda interesar). La recomendación parte del contenido o de las relaciones, si bien su funcionamiento combina ambos. Cuando hablamos de sistemas de recomendación estamos invocando al “algoritmo”, ese ente fantasmal que intermedia entre la realidad y nuestra percepción, y que delimita nuestro entorno y filtra nuestras opciones, con tendencia más a construir burbujas que actúan como campanas que nos encierran, que a producir burbujas chispeantes que produzcan diversidad y opciones.

Y lo que sucede es que la información estructurada sobre las acciones del consumidor (páginas visitadas, compras realizadas, interacción con otros usuarios) es mucho más abundante que la información estructurada sobre el contenido de los libros, especialmente en la ficción, que es donde pondremos el foco en este trabajo. Digamos que Amazon conoce lo que han comprado otras personas que también han comprado este libro, pero sabe mucho menos sobre los propios libros. En realidad, no le hace falta, puesto que la recomendación social funciona para sus fines. Para cumplir sus fines comerciales Amazon no necesita saber qué novelas hablan de la Guerra Civil y en ellas se describe una escena de bombardeo, o aparece un corresponsal de guerra extranjero. Pero lo que Amazon no necesita, y no hace, bien podrían hacerlo las bibliotecas. Siguen haciendo falta más y mejores metadatos, colocados allí donde pueden ser reutilizados y pensados para los infomediarios.